Hace un tiempo atrás llorar por problemas laborales era criticado en las empresas. En el caso de los hombres se decía que era interpretado como un signo de debilidad y en el caso de las mujeres era justificado en casos de descontrol psicológico o simplemente como un arma de manipulación. En ambos casos el resultado era el mismo, una reducción importante de las posibilidades de llegar a ocupar puestos de importancia.
Reseteando los problemas
Tomando en cuenta que los trabajadores pasan en promedio entre 8 y 9 horas diarias en las oficinas y que incluso un tercio dedica entre 10 y 11 horas al día a sus labores profesionales es difícil mantener la idea de que las emocionalidades debían quedarse en casa. En este sentido, los expertos son enfáticos en señalar que las personas son la misma en el trabajo y en su hogar, por lo que pedir una especie de división de los sentimientos es ilógico.
