1. Son indecisos. Los jefes horribles se definen en primer lugar por tomar decisiones provisionales, que con frecuencia se cambian a posteriori. Por el contrario, los grandes jefes saben tomar decisiones de forma rápida y sobretodo, se mantienen firmes con su determinación.
2. Son impacientes. Los jefes horribles son de mecha corta, y rápidamente generan una frustración que proyectan en sus empleados. Por el contrario, los grandes jefes mantienen su temperamento bajo control y no se sienten intimidades cuando sus empleados cometen errores.
